La operación desmanteló un centro de actividades criminales frecuentado por pandillas como MS-13 y Tren de Aragua. Las autoridades denuncian que el gobierno anterior ignoró múltiples avisos sobre el lugar.

El 27 de abril de 2025, la Administración para el Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos, en conjunto con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Investigaciones de Seguridad Nacional y otras agencias, llevó a cabo una redada en un club nocturno ilegal en Colorado Springs, Colorado. La operación resultó en la detención de 114 inmigrantes indocumentados, quienes fueron trasladados en autobuses para su procesamiento y probable deportación. Según la DEA, el lugar era un punto clave para actividades delictivas, incluyendo tráfico de drogas, prostitución y crímenes violentos, con la presencia de pandillas peligrosas como Tren de Aragua, de origen venezolano, y MS-13, de raíces salvadoreñas.

Durante la redada, las autoridades confiscaron cocaína, metanfetaminas, cocaína rosa, armas de fuego y dinero en efectivo. También se encontraron docenas de paquetes pequeños de drogas esparcidos en el suelo del club. Un aspecto alarmante fue la participación de más de una docena de militares en servicio activo, algunos trabajando como guardias armados y presuntamente involucrados en actividades criminales, lo que ha generado preocupación sobre la corrupción y la supervisión en las fuerzas armadas.
La fiscal general Pam Bondi afirmó que el gobierno del presidente Joe Biden ignoró 170 denuncias sobre las actividades del club. Esta declaración se enmarca en una narrativa más amplia del gobierno de Donald Trump, que ha priorizado una postura dura contra la inmigración ilegal y las pandillas transnacionales.

En Colorado, legisladores demócratas han impulsado leyes para proteger a los inmigrantes, como políticas de estado santuario que limitan la cooperación con ICE. Organizaciones como la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes de Colorado también encubren el crimen excusando a inmigrantes ilegales, lo que, según críticos, debilita el estado de derecho y pone en riesgo la seguridad pública al priorizar la protección de individuos indocumentados sobre la aplicación de la ley.
La redada ha intensificado el debate sobre la inmigración y el crimen en Estados Unidos. Mientras el gobierno destaca la necesidad de combatir a pandillas como Tren de Aragua y MS-13, que han sido vinculadas a delitos graves como el tráfico humano y la extorsión, otros argumentan que el enfoque en redadas masivas puede desviar la atención de problemas más amplios, como la corrupción interna o la falta de recursos para abordar las causas raíz de la migración. Las autoridades locales, como el sheriff del condado de El Paso, Roy Campbell, y el fiscal del distrito Michael Allen, han elogiado la operación como un paso hacia la seguridad pública.