El presidente Trump calificó los ataques como "terrorismo doméstico" y sugirió que podrían estar financiados por grupos de izquierda con motivaciones políticas.

En las últimas semanas, Tesla, la emblemática compañía de vehículos eléctricos liderada por Elon Musk, ha sido blanco de una serie de ataques violentos en Estados Unidos, clasificados por el gobierno como actos de "terrorismo interno". Estos incidentes, que incluyen incendios provocados, tiroteos y actos de vandalismo, han generado una fuerte reacción tanto de las autoridades como del propio Musk, quien ocupa un rol destacado en la administración de Donald Trump como líder del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE).
Desde principios de marzo de 2025, se han reportado múltiples ataques contra propiedades de Tesla en ciudades como Seattle, Las Vegas, Portland y Kansas City. En Seattle, el 10 de marzo, varios vehículos Tesla, incluyendo Cybertrucks, fueron incendiados en un lote de la compañía. En Las Vegas, el 18 de marzo, un concesionario fue atacado con bombas molotov, dejando grafitis con la palabra "RESISTIR". Ese mismo día, en Kansas City, otro incendio destruyó vehículos en un centro de servicio. Además, en Portland, una sala de exhibición recibió más de una docena de disparos, causando daños significativos.
Estos actos han coincidido con una creciente polarización política en torno a Elon Musk, cuyo rol en el DOGE ha generado controversia por los recortes masivos en el gasto público y despidos de empleados federales. Las acciones de Tesla han caído un 48% en lo que va del año, y algunos analistas vinculan esta violencia al descontento con las políticas impulsadas por Musk y su cercanía con el presidente Donald Trump.
El gobierno de Estados Unidos ha tomado una postura firme frente a estos ataques. La fiscal general Pam Bondi emitió un comunicado el 18 de marzo calificando los incidentes como "terrorismo interno" y prometiendo castigos severos. "La serie de ataques violentos contra la propiedad de Tesla no es más que terrorismo interno", afirmó Bondi, señalando que el Departamento de Justicia ya ha presentado cargos contra varios sospechosos, quienes enfrentan sentencias mínimas obligatorias de cinco años. El FBI, por su parte, está investigando los casos, como el de Las Vegas, bajo la hipótesis de motivaciones políticas.
El presidente Trump también se pronunció al respecto. En una entrevista con Fox News el 18 de marzo, calificó los ataques como "terrorismo doméstico" y sugirió que podrían estar financiados por grupos de izquierda con motivaciones políticas. "Cuando atrapen a los responsables, se descubrirá que están siendo pagados por personas con una fuerte motivación política de izquierdas", afirmó. Trump incluso anunció su intención de comprar un Tesla como muestra de apoyo a Musk, a quien considera un aliado clave.

Elon Musk no ha permanecido en silencio ante esta ola de violencia. A través de su plataforma X, ha compartido su indignación y ha exigido justicia. El 9 de marzo, expresó su gratitud a los seguidores de Tesla: "Gracias de corazón a todos los que apoyan a Tesla, a pesar de los muchos ataques contra nuestras tiendas y oficinas". Sin embargo, su tono cambió conforme los incidentes se intensificaron. El 18 de marzo, tras el ataque en Las Vegas, escribió: "Fomentar la destrucción de Teslas por todo el país es terrorismo doméstico extremo". Más tarde ese día, calificó el nivel de violencia como "insano y profundamente equivocado", defendiendo que "Tesla solo fabrica autos eléctricos y no ha hecho nada para merecer estos ataques malvados"
Musk también ha apuntado a posibles responsables. En un post del 8 de marzo, afirmó que una investigación había identificado a cinco grupos financiados por ActBlue —incluyendo Troublemakers, Disruption Project y Democratic Socialists of America— como organizadores de las "protestas" contra Tesla, vinculándolos a donantes como George Soros y Reid Hoffman. Aunque no presentó pruebas concretas, estas declaraciones reflejan su percepción de una campaña coordinada en su contra.
La violencia contra Tesla parece estar ligada al papel de Musk en el DOGE, creado por Trump para reducir la burocracia y el gasto federal. Desde su nombramiento en noviembre de 2024, Musk ha impulsado medidas radicales, como el cierre de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y despidos masivos, lo que ha generado protestas y descontento entre sectores progresistas. Movimientos como Tesla Takedown han surgido en oposición, aunque niegan la violencia como parte de sus tácticas, acusando a Trump de hipocresía por su historial político. Musk y Trump cuentan con un sólido respaldo entre sus seguidores, quienes ven los ataques como un intento de silenciar a una figura clave de la administración.
A medida que las investigaciones avanzan, el gobierno promete mano dura contra los responsables. La clasificación de estos actos como "terrorismo interno" eleva las apuestas legales, y el FBI está explorando posibles conexiones entre los incidentes. Para Musk, estos eventos representan un desafío personal y profesional, mientras Tesla enfrenta no solo la violencia física, sino también una crisis de imagen y financiera.
Los ataques a Tesla se han convertido en un símbolo de las tensiones políticas de 2025. La pregunta que queda es si esta escalada de violencia marcará un punto de inflexión en la relación entre Musk, el gobierno y sus detractores, o si simplemente será un capítulo más en una saga de confrontación que parece lejos de terminar.